Últimamente me había empezado a surgir un conflicto entre mis creencias religiosas, una superposición entre mis inclinaciones que a nivel teórico no podrían coexistir. Hasta el momento no me había generado demasiada dificultad el hecho de haber sido criada en la religión Cristina, y aún así cantarle a dioses pertenecientes al hinduismo (ya que mi practica de yoga me llevo a ello de forma natural). A demás de ciertas diferencias con la Iglesia como institución hacia que pudiera separar lo que es mi respeto por figuras como Jesús y sus enseñanzas, con los rituales o costumbres de un practicante de esa religión como ej: ir a la iglesia los domingos, rezar el rosario, leer el nuevo testamento, celebrar determinadas fechas e ir a confesarse cada determinado tiempo.
Me resultaba entonces fácil
definirme como adherida el pensamiento universal o creer en una fuerza
superior, mientras que las religiones eran para mí forma de entender o traducir
ese misterio creador. Cuando me acerque al antiguo testamento, o lo que sería
la explicación de las enseñanzas de la Torá a través de clases impartidas por
un maestro de Kabbalah. Me sentí algo fanatizada porque todo me hacía demasiado
sentido, allí se encontraban argumentos, lecciones, explicaciones de muchos
saberes que había recolectado a través de todo el tiempo en el que fui
aprendiendo cositas del mundo espiritual. Me sorprendía, y a la vez resonaba en
mí como una verdad, con lo cual me incline a ir siguiendo algunas de las
costumbres de una religión que no era en
la que fui criada pero que sin duda compartía raíces con ella (era común-AC/DC
antes de Cristo, después de él).
Ahora tanto judaísmo como
cristianismo tienen como premisa no utilizar métodos de adivinación, como
astrología o tarot, o prácticas que podríamos calificar de “magia”. Cosa en la
que igual siempre me mantuve rebeldita porque continué mis estudios de tarot
sin interrupción, pero deje de a poco de cantarle a dioses hindúes, y trate de
ajustar algunos de mis comportamientos (para nada obligada, sino porque así lo
quería y sentía).
Hasta que tuve un sueño, y
algunos sucesos me llevaron a abrir un poco mi rango de atención mientras
aprendía o intentaba aprender sobre el funcionamiento del universo. Y llegué a
investigar sobre una diosa, misteriosa pero muy conocida en estas épocas
sobretodo asociada a la magia. Hécate... Así empecé a saber más sobre ella, me
fui interesando en conocer sobre ella. Y ahí sí se me generó una interferencia
mental… porque las enseñanzas que seguía tenían premisas como “seguir a otros
dioses es idolatría”, siendo uno de los preceptos principales para seguir las
religiones monoteístas. Si bien estudiar tarot ya sería una transgresión, el
hecho de rendir culto a otras deidades sería a mi entender una falta de
respeto, y obviamente no podía considerarme monoteísta. Desde esta perspectiva
se me volvió imposible sentirme en paz al practicar o intentar conectar ambos
caminos. Algunos podrán pensar que es hacerse demasiado lío, que no tiene nada
de malo conectar creencias, otros pensarán que hay que definirse y elegir un
camino específico. Y yo en el medio, sin saber cómo poder sentirme cómoda con
prácticas que se asemejarían más a religión con mi espiritualidad.
Recurrí al Tarot para orientarme pues ya lo siento un fiel amigo. Encontras la reflexión extendida en la segunda parte.
Introduciéndome en mi interior llegue
a la conclusión de que desde siempre tuve interés en conectar con algo
superior, y que no solo creo que existe una consciencia suprema, o algo que va
más allá de lo humano y que sostiene todo a lo que podríamos llamar Dios, gran
espíritu, numen, etc. Mi interés por conectar con eso va más allá de todo
dogma, o de toda estructuración de creencias que los humanos pudieran intentar sintetizar
o sistematizar para lograr la transmisión de esos conocimientos. Yo quiero
conocer el universo, sus leyes, su forma de funcionamiento, y la kabbalah
explica algunas de estas cuestiones cosmológicas. Esta ansía por conectar,
conocer y experimentar mi conexión con “la fuente” va más allá de las
religiones, más sin embargo en cada religión encuentro claves, y también una
especie de manual para trabajar mi carácter, para recordarme enseñanzas
superiores, para seguir ritos, cantos, oraciones, pasajes que son poderosos y están
cargados de energía (por todos los años y cantidad de gente que los ha repetido
con la emoción y fé que los llena de potencia).
No quiero irrespetar ninguna estructura dogmática pero sí quiero reconocer el valor de algunas de las prácticas, textos, enseñanzas, mitos, leyendas, rituales y símbolos ancestrales que todas tienen para ofrecer. Además de que históricamente siguiendo determinadas formas de creencias se han incumplido preceptos básicos, u olvidado el respeto por otros humanos con creencias diferentes. Algunos dogmas atacan incluso la vida de la propia persona practicante. Pero por sobre todas las cosas mi conclusión es que ningún intento de conexión o crecimiento espiritual tiene sentido si no se aplica, no como dogma cerrado, inamovible sino como peldaño hacia lo evolutivo como especie.

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